martes, 14 de abril de 2015

EL ÚLTIMO CONCIERTO.

Buenas tardes de primavera! ¿Cómo lleváis la astenia primaveral? Yo con mi cara de póker habitual en esta época, creo que hay gente que cuando me ve piensa si hay algún tipo de vida inteligente en este cuerpo que se arrastra.
Os vengo hablar de otra novedad, como viene siendo habitual en este blog, un bar con una antiguedad mínima de 30 años, pero ¿a quién le importa? Todos los que me leeis sois amigos y parientes de primer grado de consanguínidad, así que no os soprenderéis.
El bar tiene un nombre que es pura poesia; miles de hadas frotan sus alitas y desatan polvo dorado, las hojas de las flores vuelan como suspendidas en el aire, una brisa cálida te acaricia cuando se pronuncia: JABUGO.
Con este nombre tan sutil, uno ya sabe lo que espera ¿no?
Este pequeño bar se encuentra en la calle Sócrates esquina Trajano. Un buen sitio. Un sitio que en el Monopoly de Granada debería ser un sitio muy caro. Así lo pensaba yo al menos cuando era pequeña, para mi la calle Trajano estaba a la altura de la calle Serrano de Madrid. En la birria de Monopoly que han hecho de Granada, no lo han contemplado así. No me han consultado si quiera...
Como decía, este bar lleva ya tiempo allí, si eres joven pasa desapercibido, al estar cerca de Pedro Antonio y no vender detergente en forma de chupitos, la gente joven pasa de largo... yo también lo he hecho. Fue dura la adolescencia en los 90.
Jabugo es un tesoro en el mundo de la chacina y el buen vino. Yo no entiendo de vinos nada, pero sus botellas puestas unas al lado de otras en una mesa que hay dentro de la barra parecen sacadas de un tesoro hundido en el fondo del mar. Parecen botellas de otra época, con etiquetas preciosas, como antiguas... dan ganas de probarlos todos. Junto a las botellas están los chorizos, las morcillas, los platos de ensaladilla rusa y los quesos! Todo exquisito, es verdaderamente un bodegón ese bar.
Pero a pesar de todo lo que les cuento, lo mejor es el camarero. Nunca habréis visto alguién cómo él. Como si fuera un famoso violinista y fuese a dar su último concierto te encantará verlo preparar las tapas, servir el vino, coger las copas, echar la cerveza, cortar el jamón (oh! si). Su cara, su expresión, su forma de andar y de estar de pie,  es para dibujarlo o filmarlo, de alguien que lleva toda la vida ahí y conoce todos los secretos... hasta los que no les has contado. Vaya arte que tiene el hombre. Ya sabéis que quizás sea algo exagerada, pero en el fondo también sabéis que algo de razón llevo.
Id y contadme si ha merecido la pena ver el concierto.

Lugar: Calle Sócrates esquina Trajano.
Precio: Los típicos de una vinoteca, no está mal para la calidad que tiene.
Parece un lugar que sólo conoces tú: Si, porque pasa desapercibido entre tanto pub de jóvenes, es cómo un cartel hecho a mano entre anuncios de neón.
Público: de 30 para arriba.

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